El autor nos narra hábilmente la historia a través de R, quien impulsivamente decide salvar a una chica en vez de comérsela. Este acto supondrá un punto de inflexión que cambiará las concepciones que hasta entonces se tenían sobre la situación.
El amor entre los dos protagonistas será el motor del cambio. Resulta que el mal que padecen los no muertos no se debe a ninguna plaga sino a la enfermedad que padece la sociedad, capaz de contagiarse a sí misma.
"Votamos y elegimos a nuestros líderes, hombres y mujeres encantadores de dientes blancos y picos de oro, y depositamos nuestras esperanzas y temores en sus manos, creyendo que esas manos eran fuertes porque daban apretones firmes. Nos fallaron, siempre. Era imposible que no nos fallaran: eran humanos, y nosotros también."
El amor entre los dos protagonistas será el motor del cambio. Resulta que el mal que padecen los no muertos no se debe a ninguna plaga sino a la enfermedad que padece la sociedad, capaz de contagiarse a sí misma.
El libro nos enseña que tener o no corazón no depende de si eres o no un zombie. Hay gente muerta en vida y muertos que de alguna forma permanecerán siempre vivos en la mente de los demás. De ahí la importancia de la transmisión del conocimiento de unos a otros para no caer en los mismos errores y así ir creando la sabiduría, compartir ideas, ir depurándolas y mejorar.
En conclusión, contiene algunas escenas muy crudas, se trata de una historia sin demasiada complejidad ni detalles tras la que se esconde un mensaje de profundidad inusitada. Es un libro de zombies, pero no habla tanto de la muerte como del canto a la vida.